viernes, 14 de octubre de 2011

Tú publicas- La piel que habito (Eduardo Nabal)



Director: Pedro Almodóvar
Guión: Pedro y Agustín Almodóvar
Interpretes: Antonio Banderas, Elena Anaya, Marisa Paredes, Jean Cornet.

(Incluye spoilers)
            Precedida de cierta polémica, desconcierto y división de opiniones, “La piel que habito acaba resulta finalmente la mejor película de Pedro Almodóvar desde “La mala educación”. Un relato gótico lleno de guiños cinéfilos (de Georges Franju al doctor Frankenstein, pasando por el Hitchcock más romántico) que, sin embrago, el controvertido realizador ha conseguido hacer suyo alcanzando una abstracción y un refinamiento estético difíciles de superar aunque manteniendo sus constantes: la codicia, la posesión, los celos, el odio, la traición, el rencor y el sexo. Es una adaptación libérrima de la novela de Thierry JonquetTarántula”, en la que el director de “Todo sobre mi madre “vuelve a enredarnos en un argumento  imposible y  difícil  de tomar en serio todo el tiempo, pero urdido con astucia y que en más de un momento logra llegar a las tripas del espectador gracias a la fuerza que desprende el duelo interpretativo entre un hierático, entonado y terrorífico Antonio Banderas, como un cirujano enloquecido, y una estupenda Elena Anaya, la victima que esconde en ese ominoso caserón gallego lleno de secretos del pasado. Hay mucho humor o más bien mucha ironía en los entresijos de “La piel que habito” y es probable que su mezcla de goticismo, experimento visual y postmodernidad, sus coqueteos con el melodrama familiar y el cine de horror científico provoquen el rechazo de más de un paladar, pero nuevamente el director subyuga a través de sus formas audiovisuales, su banda sonora, su falta de vértigo y su manera de lograr personajes intensos, y hacer creíble y cercano lo más inverosímil, arremetiendo de paso contra la «clase médica», su altivez y sus miserias como no lo hacía desde “Hable con ella”. Y tal vez resulte ser  este  filme  el más próximo en sus escenarios al mundo febril, deshumanizado, claustrofóbico y surrealista  donde luchan sin tregua los y las  protagonistas de “La piel que habito”.
            Un trabajo libre que puede verse como una comedia negrísima o como un melodrama romántico con ecos de los clásicos del cine fantástico como fantástica es la división entre lo masculino y lo femenino. Aunque en algunos pasajes Elena Anaya parezca superada por muchas  las aristas de su personaje, la película está llena de instantes cautivadores donde lo visual y lo narrativo se pelean y se entremezclan  para goce de los que admiramos la caligrafía a la vez refinada y tosca de un director que aquí homenajea a los maestros del suspense psicológico al tiempo que vuelve a cuestionar algunas verdades aceptadas sobre las formas de dominación, sometimiento y  maneras amar, odiar y sentir de los seres humanos. En el filme hay momentos en los que los personajes se ríen de su situación y otros en los que la tragedia, casi goyesca, inunda la pantalla igual que las referencias a clásicos  del cine fantástico, a la escultura de Louise Bourgeois o al propio Almodóvar de “Átame” donde   ya había logrado otra interpretación colosal de  Banderas,  inquietante maestro  aquí de una ceremonia descabellada y donde la venganza, el “amour fou”,  la  transexualidad, la vampirización del “otro” , los miedos ancestrales a la locura, la pérdida, el dolor   y la muerte y las fronteras entre la masculinidad y la feminidad se con funden de forma si no genial al menos asombrosa.“La piel que habito” es la historia de un secuestro, pero también la historia de un cuerpo, de mentes enfermas y seres que mutan, de  criaturas al límite que se odian o que fingen amarse para poder escapar. La imagen de Elena Anaya contemplada por Antonio Banderas en una gigantesca pantalla nos recuerda a la de José Luis Gómez espiando a Penélope Cruz en una pantalla en  “Los abrazos rotos”, al igual que ese hospital  lleno de intrigas donde se debaten entre la vida y la muerte una pálida joven bailarina (Leonor Watling) y una morena e inconstante torera de éxito (Rosario Flores) en “Hable con ella”
La delicadeza y amor por la ropa que transmite el personaje de Jean Cornet contrasta con el aspecto de madraza antigua, ama de llaves de “Rebeca” y estirada sirvienta de Marisa Paredes e incluso con la energía viril  de Elena Anaya. El personaje se vuelve más activo y luchador cuando se convierte en mujer. Robert (Banderas)  es un médico que, al igual que el doctor Frankenstein, ha creado una criatura que   escapa a su control  cuando cree vengar la violación de su hija Normita a quien  él mismo y una desastrosa historia-trayectoria  familiar han convertido en una chica con “fobia social” y con tendencia a esconderse en el armario de una clínica mental para huir de la ominosa presencia paterna. Esa fobia social que trata de inculcar a una chica fuerte (que fue un chico “poco común”) que tiene las facciones de su mujer, pero que no cumple una promesa de fidelidad hecha por un estamento y un hombre que, a pesar de su resistencia ancestral, ya no son tomados en serio por todo el mundo y, en cierto sentido,  al igual que otras instituciones, empiezan a pertenecer al pasado

                                               Un texto de Eduardo Nabal.
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1 comentario:

  1. Me ha gustado mucho la crítica. Comparto ademmás muchas impresiones.

    Fantástico blog

    Os animo a visitar "La Acelerada Coeduca", desde el ámbito de la Coeducación

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